Hoy celebro el cumpleaños número 31 de mi primogénito. Reflexionando sobre este día, me di cuenta de la importancia de valorar cada momento de nuestras vidas, no solo los días señalados en el calendario. Mi hijo me recordó que cualquier día podemos compartir momentos especiales, y tal vez tenga razón. Debo aprender a darle la misma intencionalidad a cada día.
Ayer, en un curso que inicié, nos hicieron una pregunta fundamental: ¿Qué necesito para ser feliz? Sin pensarlo mucho, lo primero que vino a mi mente fue «disfrutar y agradecer lo que vivo en cada momento». Sin embargo, mi mente rápidamente le puso una etiqueta más formal: «tener paz mental».
Al reflexionar con mayor detenimiento, reafirmo que mi primer pensamiento es mi esencia. No necesito nada específico para ser feliz; lo que realmente importa es disfrutar y agradecer cada momento vivido, sea grande o pequeño: un abrazo, una taza de café, una copa de vino, reir a carcajadas, caminar en el bosque o el parque, ver una peli, leer un buen libro, cantar, bailar, acariciar, cocinar. Estos momentos son los que colecciono en el camino de mi vida y lo que llamo felicidad, momentos y aprendizajes que me recuerdan que yo soy la fuente de mi felicidad.
Disfruto y agradezco tener la bendición de compartir y celebrar con los seres que más amo. Celebro no solo la vida de mi hijo, sino también la bendición de ser madre, lo cual representa para mí una vida nueva, renovada y llena de propósito.
Estos son los momentos que yo llamo felicidad: una mesa llena no solo de alimentos para el cuerpo, sino de alimentos que llenan el alma: amor, tranquilidad, risas, recuerdos, sueños, proyectos de vida y una paz envolvente e infinita.
¡Feliz cumpleaños a ti, mi amor, y a mí!
Hoy celebro la vida, la maternidad y la felicidad encontrada en cada pequeño momento. Invito a todos y todas a reflexionar sobre qué les hace realmente felices y a valorar cada instante de su vida.
¿Qué momentos cotidianos te traen felicidad? Comparte tus reflexiones en los comentarios y juntos/as aprendamos a valorar cada instante de nuestra vida.
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