Normalmente empiezo mis cartas, con el cordial saludo, “de mi consideración”, pero contigo, no me nace, mi consideración la perdiste hace mucho tiempo.
No entiendo cómo tienes la desfachatez de llamarme, después de todo este tiempo y, sobre todo, después de todo el dolor que sabes que me causaste. Porqué lo supiste, porque estabas consiente de todo, pero no te importó, para ti, lo más importante siempre fue tu bienestar.
A esta fecha, lo puedo entender, realmente fue más culpa mía que tuya, pues fui yo la que puse demasiadas expectativas en ti como hombre y como ser humano de bien, puedo entender que las personas nos equivoquemos, pero no puedo dejar pasar que tus acciones fueron con premeditación y alevosía, sabiendo que me hacías daño. Como dice la canción, puedo entender estreches de mente, pero no quiero aguantar estreches de corazón.
Y no es que te esté recriminando nada, cada uno es dueño de sus actos y cada uno sabrá llevar las consecuencias de sus decisiones; yo ya asumí las consecuencias de poner mi confianza y amor en quien no debía, pero también ya las superé y por supuesto, que no voy a cometer el mismo error una vez más, pues ya aprendí que el dolor no solo es por las mentiras que me decías, sino también por el tormento que representa poder creerte una vez más. Te perdono por no ser como yo quería que fueras. Te perdono y te dejo libertad.
Entonces, comprenderás que tus llamadas y mucho menos tu presencia, aportan algo a mi vida, por lo que es mi decisión el no querer saber nada de ti y peor aún verte.
Por lo que te solicito, es más te exijo, que no lo vuelvas a intentar, pues tu sabes que no tienes nada que me puedas ofrecer que le sume a mi vida.
Sin otro particular y en la seguridad de que mí mensaje es claro, me suscribo.
.
Deja un comentario